Parque Natural Las Ubinas - La Mesa, Asturias | Monica R. Goya

Parque Natural Las Ubiñas - La Mesa

Reportaje analógico de la segunda zona de montaña más alta de Asturias

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Siempre que menciono que soy de Asturias delante de alguien a quien le gusta el senderismo y la escalada suelo ver reacciones similares, una gran sonrisa seguida de un "Oh, Picos". Sí, es una suerte que la increíble belleza que es Picos forme parte de nuestra tierra y sin duda ocupa un lugar privilegiado en los corazones de aquellos que han visitado la zona. Afortunadamente, Picos no son las únicas montañas apabullantes que tenemos en Asturias.

Las pasadas Navidades le pedimos a nuestro amigo Alejandro, que durante los últimos dos años ha estado explorando Asturias desde una perspectiva de escalada, que eligiese un sitio para ir de caminata. Y llevándonos al Parque Natural de Las Ubiñas - La Mesa, como viene siendo habitual, no nos defraudó.

Una de las cosas que más echo de menos cuando hago senderismo en el sur de Inglaterra es ese aire fresco de la montaña que sólo se encuentra a partir de cierta altura. Aire puro, limpio y a veces tan frío que lo sientes llegar a tus pulmones. Ese aire delicioso que te hace sentir vivo. 

En Las Ubiñas - La Mesa prácticamente sientes ese aire casi desde el momento que te bajas del coche. Nosotros comenzamos nuestra caminata en Casa Mieres (León), a donde llegamos tras haber subido una carretera para valientes, de esas que son muy estrechas y con muchas curvas.

El Parque se encuentra en la zona meridional de Asturias, en el área central de la cordillera Cantábrica. El paisaje es abrupto y escarpado, con ascensos rocosos pronunciados y con grandes contrastes. Las vistas están enmarcadas por montañas por todos los flancos. El Parque tiene una superficie de 451 km2 y se extiende por tres concejos asturianos: Lena, Teverga y Quirós. Sus picos más altos son Peña Ubiña y el Fontán Norte, sobre 2417m. Además, desde el año 2012 Las Ubiñas - La Mesa forma parte de las Reservas de la Biosfera de la Unesco (WNBR).

Nuestro punto de inicio,  Casa Mieres, está a una altura de 1589m. Cuando visitamos el Parque el tiempo no era el típico de una mañana de invierno en Asturias. No hacia mucho frío (sobre 14C en Oviedo) y las semanas anteriores habían sido extremadamente cálidas y secas para esa época del año (sorprendente incluso para los escépticos del cambio climático). No había nieve prácticamente por ningún rincón y la hierba no tenía ese verde intenso del que solemos disfrutar en Asturias durante todo el año. 

John Muir solía decir que en cada paseo por la Naturaleza uno recibe mucho más de lo que busca. El recuerdo que siempre guardaré de esta pequeña aventura es el de una manada de rebecos saltando montaña abajo. Los tres nos quedamos hipnotizados; de algún modo no esperas que tanta belleza salvaje suceda así, tan espontáneamente, sin buscarla. Cuando vayas, ten en cuenta que la fauna local incluye osos pardos, lobos, ciervos, venados, rebecos, zorros, gatos salvajes, nutrias, el tan admirado urogallo Cantábrico, y aves de presa.

“En cada paseo por la Naturaleza uno recibe mucho más de lo que busca”

-John Muir

La riqueza de la flora también es impresionante. El Parque aglutina once de las diecinueve series de vegetación locales que puedes encontrar en Asturias. Los bosques predominantes son los hayedos (sobre el 65%), pero también hay robledales, castañedos, carbayedos y abedulares y acebales. Si visitas el Parque en temporada de los frutos rojos puede que tengas suerte ya que también hay arándanos salvajes. 

Por desgracia no nos atrevimos a subir a la cima ya que había mucha niebla y no teníamos ropa adecuada para el aire cortante que hacia en el último tramo del ascenso. Pero nos quedamos muy cerca. La última parte del camino, en el que prácticamente se sube por roca, es lo suficientemente peligrosa con buen tiempo como para arriesgarnos a subir con niebla. En algunos tramos el sendero se vuelve vertical y hay que trepar con las manos, nada extremadamente complicado pero quizás no muy recomendado para los muy inexpertos. 

Aparte de la innegable belleza natural del paisaje,  en Las Ubiñas – La Mesa también puedes encontrar dos calzadas romanas, Vía Carisa y el Camino Real de la Mesa. Ambas comunicaban Asturias con Castilla. Asimismo, puedes visitar las cuevas de los Abrigos Rupestres de Fresnedo en Teverga, con representaciones pictóricas que datan de la Edad de Bronce – Edad de Hierro y en las que se distinguen animales y figuras antropomórficas humanas. 

Este Parque tiene senderos y rutas para todos los gustos y solo visitándolo podrás descubrir tus favoritos! 

 
 

El Malaín

Esta plantación de frutos pequeños, situada a unos kilómetros de Villaviciosa, es un paraíso para los defensores del movimiento slow-food y para aquellos que disfrutan recogiendo sus propias frutas

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El Malaín se respira la paz y las reglas de la naturaleza son respetadas. Es un lugar al que ir para reconciliarse con el mundo moderno. Un templo escondido de slow-food, El Malaín es una plantación de tres hectáreas donde puedes recolectar arándanos, frambuesas, moras, grosellas negras y rojas y uva espino orgánicos. 

Las campanas de las vacas que están pastando felizmente en los prados aledaños o el canto de los pájaros son los únicos ruidos que te harán compañía mientras recolectas las frutas tú mismo. Los idílicos pasillos que forman los pequeños árboles, nada que ver con los desangelados pasillos de supermercado, son un verdadero regalo para tus sentidos. Los dueños permiten probar la fruta con moderación mientras se está recogiendo y seguramente saben por qué: pocas cosas hay más placenteras que el simple acto de recoger la fruta y comérsela. Armonía pura. Delicioso. 

Marta Serrano y Pablo Álvarez empezaron con su negocio de frutos rojos hace 25 años. Originarios de Ciudad Real y Astorga respectivamente, se enamoraron de Asturias y decidieron buscar un sitio para vivir en la región y comenzar una nueva vida. Dejaron sus trabajos cualificados -decoración y publicidad- en Madrid y transformaron lo que hasta entonces era un prado de vacas y la plantación de frutos pequeños que conocemos hoy. "Dar a conocer la fruta entre la gente fue la parte más difícil" dice Marta. El suelo de Asturias es óptimo para los frutos del bosque, tanto que es muy común encontrar sus versiones silvestres en las zonas rurales. Sin embargo, hasta hace poco los frutos del bosque no se comercializaban en los supermercados y mucha gente no estaba familiarizado con estas frutas. Si vives en Gran Bretaña posiblemente hayas comido frutos asturianos ya que un gran porcentaje (algunos productores llegan al 90%) de la producción regional se exporta, principalmente a Reino Unido. 

"Algunos pensaban que eran frutos exóticos de países lejanos" afirma Marta, y añade "fue difícil convencer a la gente de que estos frutos se daban aquí, que eran de la tierra, y por eso decidimos abrir nuestra plantación al público, para que lo vieran". Estos días El Malaín es una institución entre los connoisseurs de frutos del bosque en Asturias. La mayoría de la gente que los visita son asturianos fieles que año tras año acuden a disfrutar la parte de la cosecha que les toca, pero también aventureros que se salen de las rutas de turismo habituales y que aprecian la alta calidad de estos frutos a un precio razonable. Asimismo, las familias son bienvenidas y es un buen sitio a donde acudir con los más pequeños para que vean de dónde viene la fruta. También hay un pequeño espacio para jugar, liana incluida. Los niños adoran este lugar. 

Los frutos rojos son muy populares desde hace unos años por sus propiedades nutricionales y medicinales, muchos están incluidos en las listas de superfoods. Todas las frutas que puedes comprar en El Malaín son altamente nutritivas y tienen diferentes propiedades:

Arándanos

Son buenos para la próstata y para la salud de los ojos, así como para mejorar la memoria y para tratar infecciones urinarias. 

Frambuesas

Minimizan la absorción de grasas, sus hojas pueden ayudar a tonificar el útero (se recomienda beber té de hoja de frambuesas durante los dos últimos meses de embarazo solo) y se cree que tiene sustancias que luchan el cáncer.

Moras

Ayudan a reparar la piel dañada por el sol (y su temporada coincide con la época en la que esto es más probable), ayudar a bajar la tensión y también a mantener un intestino sano ya que contienen fibra soluble e insoluble. Asimismo, contienen ácido salicilico, como la aspirina, y se cree que este componente protege el corazón. 

Grosellas

Ayudan a regular la tensión, protegen contra enfermedades neurodegenerativas y cataratas y además son un tónico inmunológico gracias a su mezcla de vitamina C y antioxidantes. 

¿Cómo funciona El Malaín? El sistema que siguen es muy simple. Cuando llegas a la plantación te dan una caja de plástico con cajitas de plástico en las que meter los frutos que cojas. No importa si las mezclas porque todas valen lo mismo. Una vez que das por finaliza tu visita, vuelves a la tiendita para pagar. También venden mermeladas, vinagres y zumos. Y helados. Pero los helados merecen mención aparte. Seguramente un artículo entero. Yo soy una persona de helados, desde Ruby Violet a Bertillon pasando por Carapina, he comido helados en cada ciudad que he visitado o vivido. Siempre. Y estos son insuperables. El balance perfecto de suavidad y consistencia, una explosión de sabor puro. Si tienes buena salud, te recomiendo que te tomes uno al entrar y otro antes de irte. Los excesos a veces sientan muy bien. Solo tienen dos sabores, frambuesa y arándanos y ambos son deliciosos. 

Una vez que experimentas esta calidad, es difícil volver a lo ordinario, así que disfrútalo mientras puedas!