Arándanos de Caxigal, Grandas de Salime - © Monica R Goya

Asturias es tierra de arándanos, su climatología y su suelo fértil son perfectos para cultivar estos deliciosos frutos.

Los arándanos silvestres no son difíciles de encontrar en el Occidente de Asturias. Yo aún recuerdo cuando un viaje a Occidente era un buen trecho –no como ahora que la autopista te permite estar en Navia desde Oviedo en menos de una hora- y en verano parte de la aventura era pararse a recoger arándanos y luego hacer mermelada con ellos. 

Arándanos de Caxigal, Grandas de Salime - © Monica R Goya

Lo complicado es saber dónde ir a buscarlos, pero si estás de excursión por el Occidente, merece mucho la pena parar en la finca de pequeños frutos de la cooperativa Caxigal, cerca de Grandas de Salime. Esta plantación es un complemento al buen trabajo de conservación y defensa del medio ambiente que hacen desde la cooperativa, además de un apoyo para aquellos valientes que optan por el medio rural como forma de vida.  

Arándanos de Caxigal, Grandas de Salime - © Monica R Goya

Allí hablamos con Manuel, que nos explicó que en sus dos hectáreas tienen seis variedades de arándanos y gracias a esto recogen frutos desde mediados de junio hasta octubre. La plantación tiene diez años y llevan recogiendo fruta siete. De los 17.000 kilos que recogen gran parte se va para el extranjero: Francia, Reino Unido, Holanda… 

Arándanos de Caxigal, Grandas de Salime - © Monica R Goya

Los arándanos que probamos allí son deliciosos, llenos de sabor y con esa frescura que solo la fruta recién recolectada tiene. Además, cultivan los arándanos de forma natural y con uso mínimo de químicos. La temporada de arándanos va de junio a octubre y además de estar deliciosos frescos, su gran calidad los hace perfectos para hacer mermeladas. 

 

Caxigal
El Chaelo s/n 33730 Grandas de Salime

 
 

El Malaín

Esta plantación de frutos pequeños, situada a unos kilómetros de Villaviciosa, es un paraíso para los defensores del movimiento slow-food y para aquellos que disfrutan recogiendo sus propias frutas

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El Malaín se respira la paz y las reglas de la naturaleza son respetadas. Es un lugar al que ir para reconciliarse con el mundo moderno. Un templo escondido de slow-food, El Malaín es una plantación de tres hectáreas donde puedes recolectar arándanos, frambuesas, moras, grosellas negras y rojas y uva espino orgánicos. 

Las campanas de las vacas que están pastando felizmente en los prados aledaños o el canto de los pájaros son los únicos ruidos que te harán compañía mientras recolectas las frutas tú mismo. Los idílicos pasillos que forman los pequeños árboles, nada que ver con los desangelados pasillos de supermercado, son un verdadero regalo para tus sentidos. Los dueños permiten probar la fruta con moderación mientras se está recogiendo y seguramente saben por qué: pocas cosas hay más placenteras que el simple acto de recoger la fruta y comérsela. Armonía pura. Delicioso. 

Marta Serrano y Pablo Álvarez empezaron con su negocio de frutos rojos hace 25 años. Originarios de Ciudad Real y Astorga respectivamente, se enamoraron de Asturias y decidieron buscar un sitio para vivir en la región y comenzar una nueva vida. Dejaron sus trabajos cualificados -decoración y publicidad- en Madrid y transformaron lo que hasta entonces era un prado de vacas y la plantación de frutos pequeños que conocemos hoy. "Dar a conocer la fruta entre la gente fue la parte más difícil" dice Marta. El suelo de Asturias es óptimo para los frutos del bosque, tanto que es muy común encontrar sus versiones silvestres en las zonas rurales. Sin embargo, hasta hace poco los frutos del bosque no se comercializaban en los supermercados y mucha gente no estaba familiarizado con estas frutas. Si vives en Gran Bretaña posiblemente hayas comido frutos asturianos ya que un gran porcentaje (algunos productores llegan al 90%) de la producción regional se exporta, principalmente a Reino Unido. 

"Algunos pensaban que eran frutos exóticos de países lejanos" afirma Marta, y añade "fue difícil convencer a la gente de que estos frutos se daban aquí, que eran de la tierra, y por eso decidimos abrir nuestra plantación al público, para que lo vieran". Estos días El Malaín es una institución entre los connoisseurs de frutos del bosque en Asturias. La mayoría de la gente que los visita son asturianos fieles que año tras año acuden a disfrutar la parte de la cosecha que les toca, pero también aventureros que se salen de las rutas de turismo habituales y que aprecian la alta calidad de estos frutos a un precio razonable. Asimismo, las familias son bienvenidas y es un buen sitio a donde acudir con los más pequeños para que vean de dónde viene la fruta. También hay un pequeño espacio para jugar, liana incluida. Los niños adoran este lugar. 

Los frutos rojos son muy populares desde hace unos años por sus propiedades nutricionales y medicinales, muchos están incluidos en las listas de superfoods. Todas las frutas que puedes comprar en El Malaín son altamente nutritivas y tienen diferentes propiedades:

Arándanos

Son buenos para la próstata y para la salud de los ojos, así como para mejorar la memoria y para tratar infecciones urinarias. 

Frambuesas

Minimizan la absorción de grasas, sus hojas pueden ayudar a tonificar el útero (se recomienda beber té de hoja de frambuesas durante los dos últimos meses de embarazo solo) y se cree que tiene sustancias que luchan el cáncer.

Moras

Ayudan a reparar la piel dañada por el sol (y su temporada coincide con la época en la que esto es más probable), ayudar a bajar la tensión y también a mantener un intestino sano ya que contienen fibra soluble e insoluble. Asimismo, contienen ácido salicilico, como la aspirina, y se cree que este componente protege el corazón. 

Grosellas

Ayudan a regular la tensión, protegen contra enfermedades neurodegenerativas y cataratas y además son un tónico inmunológico gracias a su mezcla de vitamina C y antioxidantes. 

¿Cómo funciona El Malaín? El sistema que siguen es muy simple. Cuando llegas a la plantación te dan una caja de plástico con cajitas de plástico en las que meter los frutos que cojas. No importa si las mezclas porque todas valen lo mismo. Una vez que das por finaliza tu visita, vuelves a la tiendita para pagar. También venden mermeladas, vinagres y zumos. Y helados. Pero los helados merecen mención aparte. Seguramente un artículo entero. Yo soy una persona de helados, desde Ruby Violet a Bertillon pasando por Carapina, he comido helados en cada ciudad que he visitado o vivido. Siempre. Y estos son insuperables. El balance perfecto de suavidad y consistencia, una explosión de sabor puro. Si tienes buena salud, te recomiendo que te tomes uno al entrar y otro antes de irte. Los excesos a veces sientan muy bien. Solo tienen dos sabores, frambuesa y arándanos y ambos son deliciosos. 

Una vez que experimentas esta calidad, es difícil volver a lo ordinario, así que disfrútalo mientras puedas!